¡Nuestro primer viaje en moto en Perú!
Después de algún tiempo trabajando mucho y ahorrando; finalmente pudimos obtener a nuestra nueva compañera de ruta. Y después de lo que se nos hizo una eternidad la espera para que el motor termine de asentarse adecuadamente, ya (¡por fin!) la teníamos lista para nuestro primer viaje.
Esta ruta es perfecta como para un fin de semana (aunque sinceramente, 1 días más para nosotros hubiese sido perfecto). El destino no es muy lejos de Lima y la verdad que ofrece unos paisajes simplemente impresionantes.
Tiempo del viaje: 2 días y 1 noche
Moneda en Perú: Soles – PEN
Distancia a: Canta – 116 KM / Cordillera de la Viuda – 169.5 KM aprox.
Gasto en Gasolina: 60 PEN / 18.18 USD aprox. (Todo el recorrido)
Gasto Hospedaje: 70 PEN / 21.21 USD aprox.
Gasto en Comida y snacks: 160 PEN / 48.49 USD aprox. (Por los 2 días)
Gasto Tickets y otros: 30 PEN / 9.20 USD aprox.
TOTAL DE GASTO: 320 PEN / 96.97 USD aprox.
Esta nueva aventura sí comenzó temprano (¡Yes!)
Sábado por la mañana, salimos de casa con todo ya listo antes de las 7 am (como habíamos pensado). ¡Hacía muuucho frío! (El viaje lo hicimos en agosto, que es de los meses más intensos del invierno en Lima), lo cual nosotros ya habíamos previsto, así que nos implementamos con unas casacas (chaquetas) super abrigadoras (¡Y vaya que fueron necesarias!). Además del frío, nos acompañaba también una pequeña garúa, típica del invierno limeño; de esas que parecen inofensivas, pero que estábamos por comprobar que eso no era para nada cierto.
Nos habían comentado que la Vía Evitamiento estaba siendo prohibida para las motos circularla. Buscamos información al respecto, pero no encontramos nada concreto; aunque sí algunos casos que ya habían tenido problemas de multas y de «dimes y diretes», por lo que decidimos mejor evitar cualquier cosa que nos pudiera dañar el viaje y tomar una ruta alternativa.
Partiendo desde Santa Anita, salimos desde la Av. Ruiseñores hasta la Municipalidad, luego cogimos la Av. Santiago de Chuco, que se vuelve Camino Real, hasta la Atarjea pasando el puente, luego por la vía 1ero de mayo, recto todo hasta puente nuevo, donde nos detuvimos en una gasolinera a tanquear la moto.
Después de esto, nos desviamos por la entrada hacia San Juan de Lurigancho, y desde aquí fue tomar por muchas callesitas, con la ayuda de nuestro fiel compañero «Google Maps», para llegar hasta el comienzo de lo que es la Av. Tupac Amaru, la cual recorreremos de principio a fin.
Siendo nuestro primer viaje en moto en Lima, habían muchas cosas que desconocíamos y que tuvimos que aprender a la fuerza en esta ruta.
La garúa que nos acompañaba, se hacía a ratos más intensa. La Av. Túpac Amaru es bastante larga, y por ella se va recto.
Después de haber recorrido ya bastante, estando ya en el distrito de Carabayllo, a poco ya de salir de la ciudad, nos damos con la sorpresa que Alex, quien al ir manejando es quien recibe más todo el viento e inclemencias de la naturaleza – en tono dramático -, estaba completamente empapado. En mi caso solo las mangas, que son lo que Alex no me cubre. Y ambos con la parte baja del jean y los zapatos llenos de barro. La casaca que llevaba era gruesa, por lo que el agua había tardado un poco en penetrar y Alex no había logrado percatarse hasta ese momento en que ya empezaba a sentirse húmedo (Y nosotros pensando que la lluviesita aquella era inofensiva…).
Nos detuvimos, y no sabíamos qué hacer, ya que la llovizna aún seguía y no sabíamos por cuanto más. Ponernos bolsas ya no era opción, ya que empapado, ya estaba. Rondó por un momento la idea de volver. Empezamos a sentir que estábamos poco preparados para el clima. Después de unos momentos de tensión, optamos por seguir un poco más, a ver qué.
Gracias a Dios, una vez ya saliendo de todo lo que era ciudad y abriéndonos en carretera, la llovizna cesó. El aire empezó a secar la ropa, y el sol ya medio se asomaba. Así que seguimos la ruta rumbo a Canta.
Lección aprendida: Si van en invierno, prever siempre con impermeables o bolsas en su defecto. Sobre todo para el torso y piernas / pies; además de guardabarros. La garúa limeña NO ES INOFENSIVA.
Nos detuvimos a desayunar en un pequeño restaurancito de carretera, a la altura de Cocayalta, a unos 30 minutos de camino saliendo de Lima. No sabíamos si encontraríamos algo más adelante, por lo que decidimos quedarnos aquí. No ofrecían mucho de desayuno, así que nos contentamos con un par de panes con queso y café. Nos salió en 8 soles todo (Pero como dato, más adelante sí habían otros restaurantes con mejores opciones).
Seguimos por la misma vía. Cada que avanzábamos más, ya veíamos también como el paisaje árido de Lima iba cambiando, haciéndose cada vez más bonito, con más vegetación.
Era poco más de medio día cuando llegamos a Canta. Fueron aproximadamente 2 horas de camino desde que salimos de la ciudad.
El pueblo es bastante pequeño, y actualmente un poco difícil de circular, ya que se están haciendo trabajos en la vía principal, y hay muy poco espacio para los autos, combis y demás. Hay varios puestos de venta de leche fresca, yogures entre otros productos de la zona que pueden comprar para su regreso a Lima.
El único banco que pueden encontrar aquí es de la nación. No hay agentes ni ningún otro, por lo que deben tomar tus precauciones trayendo suficiente efectivo.
OBRAJILLO
Tomamos la vía que lleva hacia Obrajillo para enseguida buscar dónde pasar la noche y almorzar.
Entre varios hospedajes que estuvimos viendo en internet días atrás, había uno que nos sonaba un poco más que los otros en relación a calidad / precio, y fue éste el que decidimos ir a ver primero y checar que tal nos parecía y si había disponibilidad; y de hecho sí. Así que sin más, fue aquí que nos quedamos.
Contaban con 2 habitaciones matrimoniales disponibles; una superior en los balcones (Con un costo de 130 soles), y una económica en la planta baja (Con un costo de 70 soles). Miramos cómo era cada una, y si bien la superior, era mucho más amplia, con un balconcito bonito (aunque la vista no era tan buena), nos quedamos con la pequeña y más económica. Tenía una ventana que daba un vista preciosa al pastizal y además que su pequeñez nos hacía sentir más calidez. Y claro, la economía amigos, la economía.
Nuestra habitación contaba con la cama doble, una pequeña repisa como para poner algunas cositas, una TV pequeña y un baño privado pequeño, pero cómodo. La verdad es que estuvimos más que a gusto en esta habitación, y de hecho, se las recomendamos muchísimo. Ya más adelante les contaremos porqué.
Además, el hospedaje cuenta con servicio de restaurante y cochera privada.
Los Balcones de Obrajillo:
Cel. 985 041 486
Calle Ramón Castilla S/N
Obrajillo – Canta
Dejamos las cosas en la habitación y salimos a buscar dónde almorzar.
Medio miramos los restaurantes que habían por el puente, pero la verdad que los «jaladores» a veces pueden aturdir. Nos llamaban de un restaurante, nos llamaban de otro, y al ser eso tan incómodo, nos fuimos a uno que vimos ni bien entramos a Obrajillo que se encuentra justo en la plaza con el nombre «Dr. Obrajillo», que tenía una pinta curiosa; moderna en su fachada y rústica a la vez.
Estábamos decididos a pedir truchas, ya que éstas son el plato fuerte de la zona (y veníamos antojados desde Lima). En éste caso, Alex pide trucha a la parrilla, y yo una trucha frita.
Cada plato tuvo un costo de 18 soles, lo cual nos pareció un poco caro para lo que fue. No estuvo malo pero tampoco fue lo que esperábamos. Un poco seco, un poco frío. La chicha un poco rala, la jarra estuvo en 6 soles. Y bueno, en resumen, estuvo regular.
Después del almuerzo, fuimos por unos ricos helados artesanales. Encontrarán varios en el pueblo y cuestan al rededor de 3 soles la bola, ¡Muy buenos! Luego, volvimos al hospedaje a descansar un rato del viaje y del almuerzo.
Por la tarde, salimos a caminar hacia el puente a ver qué encontrábamos para hacer. El ambiente estaba muy movido, había llegado regular gente a pasar aquí el fin de semana.
Aquí van a encontrar varias opciones; pueden dar un paseo en caballo, alquilar cuatrimotos o hacer caminata. Además, es en esta zona donde encuentran la mayoría de restaurantes campestres que ofrecen las famosas truchas de la zona, chancho al palo, chicharrones, entre otros.
Nosotros nos animamos por el paseo en caballo. Pueden escoger ir a 3 puntos que son: el velo de la novia, el mirador y la cascada. Nosotros optamos por ir hasta el mirador y que nos dejen en la cascada, lo cual tuvo un costo de 10 soles por persona.
El costo para montar a caballo va desde 5 a 20 soles aproximadamente por persona, dependiendo la opción que escojan. Hay también la opción de ir en caballos a unos pueblitos más lejos (Pumacoto y Cantamarca), pero para ello hay que salir temprano, y cobran al rededor de 70 soles por persona, con un recorrido que dura aproximadamente 3 horas (también puedes hacer caminata hasta allá).
El trayecto hacia el mirador no es plano como puede que muchos se lo imaginen. El caballo sube por partes muy empinadas, en algunas partes casi pegado al precipicio – ¡Ufff! – Así que, lo que se piensa que será un tranquilo paseo a caballo, en verdad que puede resultar siendo un casi deporte extremo – no tanto pero un poco, sí.
La vista desde el mirador es hermosa. Vale totalmente la pena venir hasta aquí.
El trayecto duró aproximadamente 15 minutos desde el puente hasta la Cascada.
Para poder ver la cascada, debes entrar en los territorios del camping «La Catarata», y cobran una entrada de 2 soles. El servicio de camping en «La Catarata», ofrece ya sea el alquiler de carpas o el espacio para que acampes, por si ustedes llevan la suya. El costo varía dependiendo la carpa, y el derecho a acampar aquí cuesta 10 soles por persona. También tiene estacionamiento dentro.
Había mucha gente en la cascada tomándose fotos, por lo que no pudimos hacerlo nosotros (nos cansamos de esperar, además que con tanta gente no obtendríamos una buena toma) Así que nos contentamos solo con verla y con tomarnos algunas selfies 😀
Ya iba cayendo la noche, el frío empezaba también a intensificarse, por lo que, entre caminando y viendo lo que había a lo largo del camino desde la cascada, volvimos al hospedaje a abrigarnos un poquito más.
Más tarde con un frío «hijue’madre» (rico diccionario colombiano), que no daban ganas ni de ir a la esquina, igual salimos a buscar dónde cenar alguito y caminar por ahí, porque obvio, hay que sacar provecho al paseo.
Ya por la noche, el pueblo se vuelve bastante solitario y callado. La poca iluminación que hay le da un aspecto como desierto, olvidado, fantasmal; lo cual claro, también tiene su encanto. Pero si lo que buscas al quedarte aquí es vida nocturna, en Obrajillo no la encontrarás.
En dirección hacia el puente, podrán encontrar algunos restaurantes abiertos. En uno de ellos nos ofrecieron un menú de media trucha frita a 10 soles, lo cual animó a Alex, mientras que en mi caso de antojada y fanática del chanchito, opté por pan con chicharrón (mi super fav en el mundo) a 5 soles. Ambos con café a 3 soles. La cena nos salió en 26 soles en total (Sí amigos, me comí 2 panes con chicharrón).
Después de la cena, caminamos un poquito por el pueblito. Compramos algunas provisiones para llevar, y volvimos al hospedaje. Había que descansar temprano y recuperarse a tope, porque lo que se viene mañana lo requiere full.
CORDILLERA DE LA VIUDA
Algo realmente lindo de amanecer en el campo, son los olores frescos de la naturaleza y además, los despertadores naturales. Recuerdo que abría los ojos y solo veía oscuridad, pero ya se oían los gallos cantar.
¿Serán las 4? ¿Serán las 5?. Pasó un poco de tiempo viendo en la oscuridad, y poco a poco iban apareciendo pequeños «huequitos» de luz que se filtraban por el techo y los bordes de la puerta; hasta que por fin me animé a levantarme, y después de ir a buscar a ciegas el celular que estaba cargando, cuidando de no sacarme la entrepucha y congelándome hasta las entrañas, vi la hora: eran las 6:00 y estábamos a 4°c. Esperé a que dieran las 6:30 para despertar a Alex, envuelta en las frazadas como una enchilada.
Después de la lucha para que éste señor se despierte, abrió la ventana del cuarto, y de verdad no se imaginan, qué vista para más bonita y cuanta luminosidad.
Después de impactarnos con lo bonito del paisaje, en lo que conversábamos sobre el día que se nos venía, nos sorprendió una inesperada y curiosa visita.
Éstas dos amiguitas vinieron a saludarnos especialmente; y solo estaban ahí, observándonos 😀 ¡Fue demasiado curioso, gracioso e increíble! Ellas son ordeñadas cada mañana y pastan siempre en este lugar. Así que si quieren vivir también esto tan curioso, definitivamente les recomendamos éstas habitaciones. Planta baja frente al pastizal ¡Lo máximo! 😀
Ya con las cosas hechas, y nosotros bien listos y guapos, nos retiramos del hospedaje camino a Canta para tomar desayuno y emprender la ruta hacia La Cordillera de la Viuda.
Tomamos leche fresca en el desayuno, ¡deliciosa! – Por cierto, son muy recomendables los productos lácteos aquí en Canta, así que aprovechen para degustarlos y llevarse algunos – acompañada con unos ricos tamalitos. El desayuno nos salió en 10 soles.
Después del desayuno, ya tomamos rumbo hacia las lagunas.
En todo este trayecto, subirán en poco tiempo desde los 2800 msnm que está Canta, hasta casi los 4600 msnm. Así que, los que suelen sufrir de soroche y mareos – como yo -, mejor que tomen antes su «Sorojchi pill» o «Sorochin», y se equipen con mate de coca, chocolates y caramelitos de limón, para evitar cualquier cosa – Yo no lo hice. No sean como yo 🙁
El trayecto es tan bueno como el destino. De verdad que en toda esta ruta no hay nada qué desperdiciar. Paisaje, naturaleza. Todo realmente hermoso.
Habrán algunos lugares donde parar si quieren unas fotos impresionantes en esta vía. Hay un mirador y cascadas naturales que puedes aprovechar para esto. También verán en este camino una zona con varios restaurantes de comida local, que ya tenemos como fijo para el almuerzo cuando estemos de regreso.
La carretera empieza muy buena saliendo de Canta, pero más arriba se va destapando y se vuelve más fea en tramos, menos fea en otros, luego otro tramo bien, y así. Le pondríamos como un 50 – 50.
Son aproximadamente 22 KM’s de carretera desde Canta hasta el pueblo Cullhuay, en donde podrán aprovechar a parar, estirar las piernas y tomar o comer algo. También podrán encontrar aquí servicios higiénicos; y si necesitan gasolina, la venden en la tienda del portón verde. Igual pueden preguntar a los del lugar y ellos les indicarán.
Desde Cullhuay, son como 15 KM hasta las lagunas de Torococha, y a 1 KM más allá, está la laguna Chuchon.
Simplemente, el paisaje es increíble.
– Eso sí, yo andaba empezando a no sentirme tan bien –
En la laguna Chuchon, también podrán encontrar una carpita donde venden truchas, choclo con queso y unas cachangas riquísimas, super recomendadas.
Conocimos a esta hermosa niña del lugar que nos enamoró por completo. Lloraba ella porque la regañaron, pero luego al querer acercarnos a ella, muy tímida se empezó a esconder. Y luego curiosa cuando vio la cámara, nos regalo esta fotazo… ¡Un encanto ella!
Volviendo a la carretera, casi 2 KM más allá se encuentra la Laguna de la Viuda.
– Con el malestar en aumento – Llegamos hasta ella, y nuevamente, y como ya se lo esperan, una belleza de lugar. Aguas turquesas, verdes, celestes, rojizas… Impresionante.
Dato Adicional: ¿Porqué se llama «Cordillera de la Viuda»?:
Es un mito recogido por Pedro Villar Córdova en 1925, en las serranías de los ríos Chillón y Chancay, de boca de dos ancianos de Cullhuay, apellidados Cajavilca y Carhuayali. En esta leyenda intervienen tres divinidades: Wa-kón, como una divinidad malévola; Pachakamaq como esposo y padre; y Pachamama como esposa y madre de los mellizos Willka (Sol y Luna).
Él Dios del Cielo «Pacha-Kamac», esposo de la diosa de la Tierra, «Pacha-Mama», engendró dos hijos gemelos, varón y mujer, llamados «Willkas». Poco después, el Dios «Pacha-Kamac» murió ahogado en el mar de Lurín y se encantó convirtiéndose en una isla; por este hecho quedó viuda la diosa «Pacha-Mama».
Cuentan que durante este tiempo la tierra permaneció en absoluta oscuridad y «Pacha-Mama» en su intento de buscar ayuda y protección para sus hijos, tras una larga caminata llega hasta el río Cullhuay y se encuentra con el dios maligno «Wa-Kón», quien trata de seducir a la diosa, pero ésta se resiste.
Al fallar en su intento, «Wa-Kón» devora a la diosa. Los gemelos escapan, en su huida son ayudados por varios animales. Wa-Kón es aconsejado por el «zorrillo» para así capturar a los gemelos, es así que el «Wa-Kón» sube al cerro sin saber que allí el «zorrillo» le había tendido una trampa, y en un descuido el «Wa-Kón» cayó en ella y rueda al abismo, cayendo a la laguna «Chuchún». Su muerte genera un gran terremoto. Mientras se hunde «Wa-Kon» arroja el cuerpo de «Pacha-Mama», quedando encantada en aquel cerro cubierto de nieves perpetuas, como un blanco sudario, que hasta ahora recibe el nombre de «La Viuda».
Pachakamaq trasmitió a la diosa la facultad generadora desde la cumbre del nevado. Por ella, el dios del cielo envía las lluvias, fertilizando la tierra haciendo que broten las plantas. Por ella, los animales nacen y crecen para servir de sustento al hombre.
Con el reinado de los «Willcas» transformados en los semidioses: el Sol y la Luna, triunfó la luz, y fue vencido para siempre el dios de la noche, «Wa-Kón», vengándose de esta manera la muerte de la diosa «Pacha-Mama».
Los animales que ayudaron a los gemelos a combatir a Wa-Kón también quedarían petrificados por toda la eternidad. Si hoy en día visitamos la Cordillera de la Viuda; todavía es posible observarlos petrificados como símbolos de dualidad entre dios, la naturaleza y los hombres.
Fuente: http://visitacullhuay.blogspot.com
Sintiéndome ya bastante mal, emprendemos el viaje de regreso, el cual para mí fue bastante turbulento, con una parada obligatoria en Cullhuay que me dejó un poquito más aliviada…. 🙂
– Mi cara lo dice todo en la foto, pero el paisaje meritaba la parada –
Paramos en la zona de restaurantes típicos a almorzar. Con un todavía latente dolor de cabeza, voy sin mucha gana pero enseguida se me abre el apetito. Decidimos nuevamente probar la trucha, a ver qué tal nos iba esta vez.
Yo pedí «chicharrón de trucha», se oía muy interesante; y Alex la típica trucha frita. Bueno pues, la trucha frita fue lo mejor de los dos platos, aunque tampoco nos pareció que estuviera tan buena. Mis chicharrones no tenían nada chicharrón 🙁 . Mucha espinita, nada crujiente, parecía una trucha asada muy normal, solo que en pedazos. Tampoco estuvo malo, pero bueno, nuevamente no fue lo que esperábamos. Cada plato estuvo en 15 soles y lo acompañamos con una jarrita de chicha, que estuvo 5 soles.
Después del almuerzo, continuamos con el camino hacia Canta, donde paramos a comprar algunos productos de los vendedores locales. Los yogures son muy buenos, se los recomendamos.
Y aunque mi cuerpo me pedía a gritos una cama para dormir y descansar de todo el malestar que pasé, siendo las 4 de la tarde aproximadamente, emprendimos el viaje de regreso a Lima.
Sobre el regreso, lo único que habría que añadir, sería: ¡Qué terrible es el tráfico de Lima! Llegamos como las 10 de la noche a casa debido a esto. Y realmente, la parte que más nos estresó, fue ni bien entramos a la ciudad, todo ese tráfico pesado en Carabayllo, Comas.. ¡¡Uff!! Tomen sus precauciones.
Fuera de eso, definitivamente éste fue un viaje precioso.
Nos quedamos aún con cosas por conocer, que no son más que una excelente excusa para volver.
Y Así termina esta aventura… Por ahora 🙂
Si no han ido aún, ¡Vayan!, No se van a arrepentir 😉 Y si ya fueron, ¡Cuéntennos! ¿Qué hicieron, cómo les fue?
¡Gracias por leernos! 😀